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Roblox en la mira por fallas de diseño que ponen en riesgo a la niñez: bloqueo en la Ciudad de Buenos Aires y demandas en EE.UU.

  • Protección Digital Argentina
  • 14 nov 2025
  • 3 Min. de lectura

En los últimos días, Roblox pasó de ser presentado como un “mundo creativo para chicos y chicas” a convertirse en el centro de múltiples demandas en Estados Unidos y al bloqueo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en las escuelas públicas de todos los niveles educativos tras una denuncia presentada por una familia que alertó sobre un presunto caso de grooming.

 Fiscales generales de varios estados —como Luisiana, Kentucky y Texas— iniciaron acciones judiciales acusando a la plataforma de no proteger adecuadamente a los niñas y niños frente a “depredadores” sexuales, contenidos dañinos y dinámicas de explotación.


A esto se suman demandas de familias y acciones colectivas que relatan casos de grooming, sextorsión y, en algunos episodios, abusos que traspasan la pantalla.

Aunque cada caso tiene su especificidad jurídica, en conjunto construyen una narrativa común: Roblox habría diseñado, promocionado y monetizado un entorno profundamente orientado a la infancia, sin introducir salvaguardas proporcionales a los riesgos que ese propio diseño genera. Es decir, el foco de las demandas va más allá de incidentes aislados y se posa en el modelo de producto.

Uno de los ejes centrales es la facilidad de acceso y el anonimato. Las demandas señalan que crear una cuenta es rápido y con escasos controles de edad, lo que permite que adultos se hagan pasar por niños y operen con múltiples identidades si una cuenta es reportada. Desde esta perspectiva, el problema ya no es solo “qué hacen los depredadores”, sino cómo la arquitectura de la plataforma, basada en la facilidad para entrar y permanecer, habilita este patrón de riesgo.

El segundo eje es el diseño social del entorno: chats abiertos, mensajería, juegos colaborativos y espacios pseudo–privados donde los avatares interactúan sin una supervisión efectiva. Las demandas describen a Roblox como un “territorio de caza” en el que adultos pueden acercarse a niñas y niños, ganar su confianza y luego derivarlos a otras aplicaciones (como Discord) donde se puede intensificar el acoso y la extorsión. Aquí el reproche no es solo por la moderación insuficiente, sino porque el propio diseño incentiva interacciones intensas, prolongadas y difíciles de controlar.

Un tercer componente estructural es la monetización mediante Robux y el modelo de engagement: una dinámica basada en una moneda virtual y micropagos, aumenta la vulnerabilidad,  los depredadores pueden ofrecer Robux o “regalos” a cambio de fotos, datos o conductas de riesgo. A la vez, se acusa a la empresa de priorizar la duración en el tiempo de conexión. 

Finalmente, un conjunto de argumentos se concentra en los ajustes por defecto y la publicidad engañosa. Roblox se habría posicionado como un entorno seguro y “apto para niños”, mientras mantenía configuraciones iniciales que no bloquean de manera robusta el acceso a contenidos sexuales, violentos o extremadamente sugestivos. Las demandas sostienen que la plataforma conocía desde hace años las fallas y casos graves vinculados a su uso, pero no ajustó de forma suficiente ni el diseño ni la información que brinda a las familias.

En síntesis, los casos contra Roblox en Estados Unidos no solo persiguen compensación por daños individuales, sino que plantean un cuestionamiento de fondo: qué deberes de “diseño responsable” tiene una plataforma que se construye y lucra sobre la participación masiva de niñas, niños y adolescentes. Más que discutir únicamente la conducta de usuarios maliciosos, las demandas ponen en el centro la pregunta por el producto: cómo se diseña, qué incentiva, a quién beneficia y quién asume los costos cuando ese diseño falla.

Este debate expone, además, la ausencia de marcos regulatorios sólidos que gobiernen el diseño y la responsabilidad algorítmica de las plataformas. Hoy, muchas de estas discusiones se dan caso por caso, vía demandas por prácticas engañosas, negligencia o fallas de seguridad, en lugar de contar con normas claras que establezcan obligaciones ex ante: estándares de seguridad por diseño y por defecto para servicios dirigidos a niñas y niños, evaluaciones de impacto de sistemas algorítmicos sobre la niñez, límites a modelos de negocio que explotan la atención infantil y deberes de transparencia sobre cómo operan los algoritmos de recomendación y moderación. Los casos contra Roblox funcionan, así, como un síntoma de un problema más amplio: cuando el derecho no regula explícitamente el diseño de las plataformas y sus algoritmos, son las niñas, niños y adolescentes quienes quedan expuestos en la zona gris entre la innovación tecnológica y la falta una norma que regula integralmente los entornos digitales.


 
 
 

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